Para comenzar, elegir un instrumento improvisado fue algo muy divertido porque te pones a pensar en todo lo que puedes utilizar para hacer música y es ahí donde te das cuenta de que puedes hacer música con absolutamente todo, nada más tienes que darle el ritmo.
Hacer esta actividad me gustó mucho, me puso muy feliz y me hizo concentrarme en cada sonido que teníamos que hacer. Me gustó mucho que todo el salón trabajamos juntos, en equipo. Aunque en el vídeo se puede ver a la mayoría con caras serias, es porque queríamos estar muy concentrados para no perder el ritmo de la canción original y que todo saliera perfecto y se escuchara muy bonito. Desde mi punto de vista ha sido una de las actividades en las que más nos hemos esforzado, desde elegir el instrumento, para no todos llevar lo mismo, hasta en el momento de coordinarnos y que se escuchara todo muy armónico.
En este tipo de actividades me ponen muy feliz porque reforzamos nuestras habilidades de trabajo en equipo, porque, aunque seamos un salón muy unido, cada quien, o la mayoría de las veces, quiere que las cosas sean de cierta forma, y este tipo de actividades nos facilitan en trabajar con distintos tipos de mentes y capacidades.
La actividad quedo muy bien, desde mi punto de vista, me gustaría mucho poder volver a repetir esta gran experiencia, me divertí mucho y aprendí, como ya lo dije al inicio, que podemos crear un instrumento, o música por así decirlo, con cualquier cosa, nada más hay que dejar correr un poco nuestra imaginación y ahí veremos cómo cosas asombrosas pueden salir de la nada.
Esta es una materia que nos ayuda a desarrollar varias habilidades y a dejar volar nuestra imaginación, hay que saber aprovechar esta herramienta que nos están dando.